martes, 15 de diciembre de 2020

Escribir como tocarse los huevos


 

(En este escrito utilizo el género neutro sin ninguna connotación sexista ni binarista).

Por si alguien no lo entiende, “tocarse los huevos” es una expresión popular que quiere decir algo así como “no hacer nada”, “perder el tiempo”, “holgazanear” y cosas parecidas. Y escribir tiene bastante de eso, independientemente del género que se practique (incluso el de la literatura científica).

El género de la autoayuda merece capítulo aparte, ya que ahí sí que hay que trabajar mucho, sobre todo en plagiar lo que otros escriben intentando que no se note (aunque siempre se nota, claro), o incluso auto plagiándose, que es dificilísimo. O eso me parece, vaya.

Para escribir (bien o mal ya no es asunto mío; en todo caso de los doctores en Caligrafía) es necesario no querer enseñar nada a la gente, como Stephen King, y divertirse mucho, como Harumi Murakami. Si uno quiere transmitir mensajes, entonces no escribe, predica. Y si otro padece escribiendo, más vale que se vaya a dar un paseo y se piense dos veces si vale la pena sufrir tanto o si no será mejor entrar a una iglesia y pedir confesión. O a un establecimiento de psicología clínica, de orientación psicoanalítica mejor (que es donde de verdad hacen aflorar los traumas infantiles y todo eso). Además, ahí siempre hay clínex gratis.

Tampoco hace falta tener una historia interior que contar ni fijarse en las tendencias del mercado. Si quien escribe hace esto último lo que quiere es hacerse millonario, como Dan Brown o J. K. Rowling. Supongo que eso no debe de estar nada mal (ser millonario). Aunque uno escriba mierdas al estilo del primero; de la segunda no lo sé porque nunca he leído ninguno de sus libros. Y si tiene esa historia miente porque nunca hay nada en el interior. Para escribir bien, según los cánones (y además de la Caligrafía) debería de ser suficiente con tener una historia; sin calificativos. Y casi casi que ni siquiera eso (mejor, a ser posible).

El escritor profesional vive del cuento (nunca mejor dicho). A veces trata de imitar a la realidad (algo imposible según Juanjo Millás) o de inventar mundos imaginarios que nunca tienen nada que ver con los que escribe Jorge Luis Borges (esos sí que son reales; más que la propia realidad). Claro que, excepto los del genial argentino (perdón, todos los autores que he citado hasta ahora son geniales; menos Brown, Rowling repito que no lo sé), los otros mundos sirven muy bien para los guiones de video juegos y para algunas series de Netflix. Y eso forma parte de la cultura popular no solo entre los más jóvenes que (me creas o no) siempre saben lo que hacen; también entre los mayores, siempre con sus celulares o sus plaiesteison o sus televisores inteligentes. Y la cultura popular es sagrada. Y lo sagrado no se toca, so pena de ir al infierno, que es otro mundo imaginario muy bien construido. Los huevos sí, sí que se tocan. Los propios y los de los demás. Es bastante saludable. (Sustitúyase, si se quiere, "huevos" por otro sujeto, "parrús" por ejemplo).

No hace falta utilizar palabras malsonantes, como hago yo en el título de este escrito para llamar tu atención; igual que con la imagen de Javier Bardem de la peli de mi admirado (y también genial) Bigas Luna. Aunque alguna mola de vez en cuando. Tampoco hay que ser muy explícito con cosas de sexo o de violencia o de política. Con asuntos de amor, sí. Eso siempre caracteriza a la buena literatura (incluso a la científica; no digamos a la de autoayuda).

No sé si quería escribir algo más por aquí, ya no me acuerdo. Así que voy a seguir tocándome los huevos en otro sitio (en mi próxima novela, por ejemplo, La chica que ha perdido el norte).

¡Ah! Que no se me olvide esto: «para escribir bien (además de la Caligrafía y los cánones) hay que ser muy cuidadoso con la Ortografía». Por ejemplo, no hay que abusar de los paréntesis (como yo sí que hago en este escrito; mal hecho).

¡Hasta luego!

Josep

www.josepseguidolz.info 


sábado, 5 de diciembre de 2020

Sobre correcciones

Retrato de Jorge Luis Borges por Beti Alonso

 

Publicamos nuestros libros para librarnos de ellos, para no pasar el resto de nuestras vidas corrigiendo borradores.
Jorge Luis Borges

Por hache o por be desde hace unos meses vengo recibiendo gran cantidad de ofertas de cursos para escribir y servicios para escritores. Está bien, muy bien.

Uno de los servicios que me llama la atención es el de corrección. No voy a ser yo quien diga que no puede ser útil, no. Pero, sinceramente, no me imagino a Borges, o a Cervantes, o a Edgar Allan Poe por citar a algunos de los grandes autores del mundo mundial dando a corregir El Aleph, o El Quijote, o El barril de amontillado a terceros, por muy profesionales y expertos que sean. ¿Y tú?

Déjame que te cuente que yo mismo colaboro con algunas revistas o publicaciones de ciencias sociales —básicamente Psicología, que es lo mío— como corrector ciego. No me encanta; pero lo hago a gusto porque me ayuda a mantenerme en forma en un mundo, el de las publicaciones científicas, que abandoné hace tiempo en el sentido de no escribir ni publicar en ellas. No por nada en especial, ¿eh? Serán mis manías...

Pero esta última actividad no tiene nada que ver con la primera, que conste.

Y déjame que te cuente también que en mi última novela —la recién publicada Lo que tenga que ser, será— no ha habido intervención de correctores externos. La he autocorregido en su totalidad en un proceso largo, repetitivo y, a veces, un poco tedioso. Pero necesario y que forma parte del escribir mismo.

Pues resulta que estoy releyendo Lo que tenga... y hasta la página 127 (de 353) he encontrado tres erratas. Son pocas y no destacan de manera especial. O sea, no son faltas de ortografía ni grandes burradas que lleguen a molestar o a transgredir el sentido del texto. Si hubiera dado mi obra a corregir externamente... ¿se hubieran percatado de esas erratas? Siempre me quedará esa duda...

Desde luego erratas habrá siempre. Eso es verdad absoluta y hay que aceptarlo tal cual. Yo las he detectado incluso en publicaciones de grandes y famosas/os autoras/es en grandes y famosas editoriales. ¡Ah! Y cuando la obra viene traducida de otro idioma, pues no digamos.

Por cierto, sí, ya sé que apenas salida del horno debería de haber dejado pasar bastante tiempo más para releer mi novela. Pero suelo caer con facilidad en las tentaciones.

Claro que hay diferentes servicios al respecto: corrección orto-tipográfica y de estilo, por ejemplo. Todas ellas con muy buena intención, por supuesto.

En cuanto a la primera me sorprende que se suela ofrecer conjuntamente. Una cosa es la ortografía y otra la tipografía, ¿no? Aunque sí, ya sé que —desde una perspectiva sistémica— el todo es resultado de las partes, muchas veces indesligables. Si alguien desconoce la ortografía del idioma español, en este caso, más vale que se retire o que vuelva a su infancia y re-aprenda eso. Y en cuanto a la tipografía, es muy similar en todas las editoriales. Pero en caso de querer publicar en una determinada, pues ¡a fijarse en publicaciones anteriores! a ver cómo hacen...

¿Corrección de estilo? ¡Esto ya se sale totalmente! A ver, el proceso de escribir, sea el género que sea, supone ofrecer un estilo determinado, seguramente cuanto más enganchador para la lectora o el lector, mejor. Y ese estilo, que puede incluir frases o expresiones muy raras, larguísimas oraciones subordinadas o bellas y sencillas sujeto-verbo-predicado, no se aprende en las escuelas ni puede ser corregido por nadie. No se aprende, pero exige un, de nuevo, largo y profundo proceso del que quien escribe nunca estará absolutamente seguro de si lo ha hecho bien. ¿Qué es hacerlo bien? ¿Alguien lo sabe? Si, a más a más, quien escribe se sale un poco de la tradicional (e imposible) descripción de los hechos, pues pierde totalmente el control de su obra; también quien sigue la tradición.

En resumen: si necesitas corrección externa, deja de escribir y más bien dedica tu tiempo y tus esfuerzos a otras cosas.

¡Saludos!

Josep



jueves, 26 de noviembre de 2020

Publicada mi nueva novela "Lo que tenga que ser, será"

Imagen de portada: Guillermo Garcìa Figueroa, Memo G. https://www.instagram.com/megafi41/


Pues, como ya vengo anunciando, este blog parece más uno de Literatura que de Psicología. Y también hace tiempo que digo que la Psicología es una Ciencia del Lenguaje (2015, p. 256 y sigs.). Y este, el lenguaje, no es nada sin la conversación. 

Con un libro, sea del género que sea, conversamos. Parece bastante verosímil pensar que lo leemos, ¿no?. Pero también hablamos con él, con sus personajes; reflexionamos juntas y juntos; a veces lo comentamos con amigas y amigos. Y con todo ello, desde la pura lectura aparentemente solitaria hasta el diálogo con otras personas ponemos en marcha el lenguaje simbólico y su aplicación práctica, la conversación, repito.

Y, ¿qué otra cosa es la Psicología más que lenguaje en acción?

Mi nueva novela ya está disponible (por ahora mismo solo en territorio español y en papel; pero pronto en otros lugares y también en formato electrónico). 

Aquí va un enlace informativo y con el primer capítulo: Lo que tenga que ser, será | Josepseguidolz.

Y aquí el enlace de compra, si te apetece: Comprar Lo que tenga que ser, será de Josep Seguí Dolz en LibrosCC - Comprar Libro.

¡Espero que te guste! Saludos,

Josep

www.josepseguidolz.info

Referencia: Seguí Dolz, Josep (2015). Mentalidad humana. De la aparición del lenguaje a la psicología construccionista social y las prácticas colaborativas y dialógicas. Amazon CreativeSpace. Mentalidad humana | Josepseguidolz.



miércoles, 9 de septiembre de 2020

El nombre del Nilo es el Nilo...


 

Uno de los momentos más brillantes de Sócrates/Platón está en el Cratilo. Y lo de la caverna y todo ese rollo, pues vamos a dejarlo estar.

Con la Patrística católica (más de mil años durante la Dark Age, la Edad Media) predomina el esencialismo divino, claro. La caverna vence a la palabra, como no puede ser de otra forma dadas las circunstancias contextuales.

Hay un momento hacia finales del siglo XI en que Abelardo -sí, el de Eloísa- y su discípulo, Roscelino, debaten acerca de si la esencia de las cosas está propiamente en ellas o en lo que se dice de las mismas, dando lugar al 'primer nominalismo'. El debate termina pronto. La esencia no está ni en las cosas ni en las palabras; está en Dios. Por cierto, durante esos cientos de años oscuros Aristóteles está prohibido por la Patrística, claro; su lógica filosófica es inadmisible para el Poder de la Iglesia Católica. La obra del estagirita nos llega a través de traducciones de filósofos judíos y árabes y no se empiezan a leer/conocer hasta poco antes del Renacimiento.

El problema de Dios (y su existencia) había quedado prácticamente resuelto ya en el siglo III cuando Plotino (neoplatónico, por cierto) dijo más o menos que Dios es lo que no se puede conocer. Si esto es así (y también que Él es la esencia de todo), tampoco se puede conocer eso, la esencia (sic), excepto que, si la hay, esté en otro lugar más terreno, déjame decirlo así.

Y es curioso que no nos quede nada escrito por mi admirado Roscelino di Compiegne; tan solo una carta a su maestro (ya ex en esos momentos), Pedro Abelardo. En tiempos de hogueras es fácil imaginar dónde terminaron sus (posibles) obras. En La esencia de las cosas, https://www.josepseguidolz.info/la-esencia-de-las-cosas me permito novelar algunas posibles reflexiones del de Compiegne.

En la actualidad -tiempos de 'realismo inocente', como me atrevo a calificar, y de postverdad- la esencia no está en las propias cosas; eso sería de un materialismo y empirismo que los inocentes no pueden admitir. Tampoco está en las palabras. Eso, según ellos, es racionalismo (pero no, -como dice de manera bastante provocativa mi amigo el catedrático de Psicología social de la UAB, Lupicinio Íñiguez, sería en todo caso palabrerismo (¡me apunto!)-.

Entonces... ¿dónde? ¿O es que no la hay (esencia, digo)?

¡Saludos!



sábado, 5 de septiembre de 2020

Lanzamiento libro sobre Tom Andersen

 


¡Nos vemos!

(Se agradece difusión)
HORA: Buenos Aires (Argentina)
Estimada/o amiga/o,
Desde el TILAC (Consejo Latino Americano, España y Portugal del TAOS Institute), por la presente tenemos el honor y el gusto de invitarte al lanzamiento del libro, “Palabras, Movimientos y Emociones. Nuestro homenaje a Tom Andersen”, editado por Adela G. García (Argentina), Leticia G. Rodríguez (Paraguay) y Helena Maffei Cruz (Brasil) con el apoyo del TILAC, el próximo día 21 de setiembre, a las 14:00 horas (Argentina).
El evento tendrá lugar por videoconferencia-zoom y contará con la participación de las editoras y autoras-es.
Palabras , Movimientos y Emociones surgió alrededor del décimo aniversario de la partida de Tom Andersen como una forma de honrar su legado en nuestro campo. Los procesos reflexivos han influido en las ideas y prácticas de nuestra comunidad desde entonces. Durante 18 años, Tom visitó América del Sur y desarrolló vínculos estrechos con muchas/os de nosotras/os. El libro está escrito por las/os autoras/es que aceptaron la invitación enviada a las/os Asociadas/os de Taos de habla hispana y portuguesa a través de TILAC (Taos Institute Latin America) durante el III Congreso del ICCP celebrado en Tenerife, España (2017) y por mail. Las/os Asociadas/os de Argentina, Brasil, Chile, México, Portugal y España que aceptaron la invitación son los veintitrés autores/as del libro. Está escrito en Español y Portugués respetando el idioma elegido por las/os escritoras/es. Algunos de ellas/os destacaron su influencia habiéndose conocido personalmente con Tom, otras/os por su conexión a través de sus escritos, videos y / o conferencias.
Puedes descargar el libro de forma totalmente gratuita aquí:
Aquí tienes el enlace a Zoom:
Taos Institute Groups le está invitando a una reunión de Zoom programada. Tema: TILAC Presentación libro Tom Andersen Hora: 21 sep 2020 02:00 PM Buenos Aires (comprueba, por favor, la equivalencia horaria en tu lugar de conexión)
Unirse a la reunión Zoom
ID de reunión: 892 6687 9470
Código de acceso: 480989
El evento tendrá una duración aproximada de una hora y media, es totalmente abierto (no hace falta inscripción previa y puedes invitar a amigos, colegas, estudiantes,…) y se desarrollará en Español, Portugués y Portuñol.
Esperamos te encuentres bien y poder verte en la fecha señalada,
A nombre de las editoras: Adela G. García (Argentina), Leticia G. Rodríguez (Paraguay) y Helena Maffei Cruz (Brasil).
A nombre del TILAC: Oriana Vilches-Álvarez (Chile), Karin Taverniers (Argentina), Lia Ganc (Brasil), Jeannette Samper (Colombia), Roxana Zeballos (Perú), Nelly Chong (Perú), Luis Miguel Neto (Portugal), Helena Marujo (Portugal), Paola Kohler (Paraguay), Josep Seguí (España).

jueves, 4 de junio de 2020

Fracaso... ¿o no?


(NOTA: como digo en una entrada anterior, esto que empezó como un blog de Psicología cada día se va pareciendo más a uno de Literatura. Bueno, ya lo iré arreglando cuando tenga algún rato. De momento lo dejo aquí. Además, las diferencias entre Psicología y Literatura son prácticamente inexistentes).

¡Hola!

Tras el estrepitoso fracaso comercial de mi primera novela, La esencia de las cosas, ya tengo registradita y a punto la segunda, Lo que tenga que ser, será. Digo "fracaso comercial" porque a las pocas personas que la han leído les ha gustado mucho, según parece. O sea que...

Bueno, pues lo normal sería que diera por finalizada aquí mi carrera como novelista. Digo yo, vaya. Que tengo muchas cosas que hacer. Pues va y no me da la gana. Inicio las gestiones para publicar Lo que tenga que ser, será hoy mismo. Y empiezo a escribir mi tercera novela, que lleva por título provisional La chica que nunca dice no. Veremos qué va saliendo.

En realidad ya había iniciado esas gestiones a que me refiero, básicamente con agentes literarios. Pero ya se sabe lo que pasa. Y con las editoriales también. 

Si algún agente o editorial lee esta nota (cosa que es como que te toque la lotería; solo que la lean) y tiene algún interés puede ponerse en contacto conmigo, por supuesto con total libertad, en este mail: jseguidolz@gmail.com. Pero hay algunas condiciones:

- Abstenerse editoriales de autoedición o cualquier otra que cobre por cualquier concepto.

- Lo mismo las que no garanticen una distribución física (o, en su caso electrónica) de calidad en toda España, Portugal y Latino América. Es decir, presencia física en las librerías más importantes de los citados territorios y bajo pedido en el resto con un plazo de entrega no superior a los siete días. Todo ello bien detallado en contrato de edición.

- Los derechos de la editorial tendrán una vigencia máxima de un año, renovable a través de acuerdo por escrito entre ambas partes.

También hay algunas ventajas:

- La obra no requiere de revisión ortotipográfica ni de estilo.

- Se enviará debidamente maquetada; aunque, por supuesto, la editorial podrá cambiar la maquetación adecuándola a sus características, siempre que se especifique en contrato de edición con el visto bueno del autor.

- Se enviará con la portada ya diseñada.

Como digo, esto es como la lotería, así que cuando proceda ya la publicaré yo por los medios que decida (no tardaré mucho).

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RESUMEN (dedicado especialmente a las/os futuras y futuros lectoras/es):

Un psiquiatra, la enviada de la muerte le visita, la camarera de un hotel de quien se enamora; involucrados en una onírica y apasionante trama.

Se trata de la narración de Jose Gómez Gómez, médico psiquiatra psicoanalista que a los cuarenta y seis años tiene mucho miedo a morir. Está casado con Helena, con quien tiene tres hijas. Una de ellas fallece. Helena se separa y un tiempo después se suicida.

Junto a sus reflexiones acerca de la muerte, Jose nos cuenta algunos de los casos que atiende en su consulta privada, en la que los subconscientes de sus pacientes afloran con intensidad. Estas pacientes, a su vez forman parte de la trama cuando la enviada de la muerte, Kerena, contacta con nuestro protagonista anunciándole que viene ya a por él. Hacen un pacto para que pueda vivir unos pocos años más. Pero el contenido del mismo no se desvela hasta bien entrada la narración.

Jose pasea por Madrid y Barcelona por diferentes motivos y nos cuenta algunos misteriosos acontecimientos casi históricos que ocurren en ambas ciudades. En el caso de esta última, sobre todo en la Abadía de Montserrat. Realidad y ficción se mezclan sin prácticamente opción a discernir una de la otra. No importa.

En Barcelona se enamora de una camarera del hotel donde pernocta de vez en cuando por razones que se narran en la propia obra. La chica dispone de unas características físicas y espirituales nada comunes. Ella también se enamora y se va a vivir a Madrid, a casa del psiquiatra. Un Madrid que, también Barcelona, vive tiempos excepcionales debido a la alta contaminación ambiental.

En el capítulo final Kerena convoca a los enamorados. Se genera una batalla dialéctica que conduce a un final sorprendente.

Muerte, amor, sexo, familia, política, las profundidades de la mente humana puestas al descubierto, son algunos de los ingredientes fundamentales de la novela prácticamente en su totalidad escrita en primera persona y en presente.

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¡Saludos y abrazos!

Josep


Instituto de Verano 2020 con Harlene Anderson, Sylvia London y Ñeca Rodríguez




Toda la información en http://harleneanderson.com/isi-main/

¡Saludos!


domingo, 24 de mayo de 2020

De mi nueva novela, "Lo que tenga que ser, será"




Hola. Soy Josep, Josep Seguí, el autor de esta novela. Si te parece bien vamos a hacer un receso; vamos a darnos un descansito. Y, de paso, hacemos un repasito. Si no te parece oportuno, puedes pasar tranquilamente a la parte tres. Ningún problema.
Los acontecimientos, como verás, siguen desarrollándose con más o menos prisa o con más o menos pausa. Vas a ver que muchas de las personas que han aparecido por aquí siguen haciéndolo. Otras no. Sinceramente, y a pesar de ser yo quien está escribiendo todo esto, las que no vuelven a aparecer no sé muy bien por qué. No es porque se hayan muerto, ya que algunas de las muertas, como Genoveva o la propia hija menor de Jose, el protagonista, están en el más allá y siguen aquí al mismo tiempo. Como digo, que esto sea así no es responsabilidad mía. En todo caso habría que preguntarle a Dios o al Destino o a alguien que posea algún tipo de poderes especiales de los que yo carezco. O incluso cabría preguntar al protagonista-narrador; aunque él no tiene poderes más que los propios de un psicoanalista que es capaz de interpretar la mente humana. Aunque poco. Yo, personalmente, solo puedo jugar con las palabras, los recuerdos y la imaginación como he venido haciendo hasta ahora. O sea, con el lenguaje. Y seguiré más o menos así hasta que la narración termine. Aunque, de acuerdo con la psicóloga norteamericana Harlene Anderson, las narraciones —como las conversaciones, en palabras suyas— no terminan nunca.
A partir de la parte cuatro irrumpe con potencia una persona que adquiere un protagonismo muy especial en la vida del doctor Gómez: Yanice. Ella ha estado ya por aquí de una manera bastante tangencial. Desde esa parte, sin embargo, su protagonismo es tremendo. Ya lo verás. Y tal vez te emociones con algunas de las cosas que pasan. Yo, personalmente, he de decir que estoy fascinado con ella. Ya me contarás qué te parece a ti cuando llegue el momento.
A ver, resumamos. Además de Kerena que tiene una presencia casi absoluta en todo el libro (y la seguirá teniendo hasta el final, como verás), siguen presentes tres de las otras chicas que aparecen al principio: Marta, Genoveva y Lilith. Las tres fueron atendidas por Jose en su consulta psiquiátrica. ¿Tiene esto algo que ver con el posterior desarrollo de los acontecimientos, bastantes de los cuales ya conoces? Yo creo que no, que todo es más bien fruto de la casualidad. Pero no puedo negar que hay algunas pistas que las conectan ya desde entonces y lo siguen haciendo ahora. Si acaso, yo dejaría esto como una intuición. Seguir esas pistas seguramente haría esta novela interminable, ya que son indicios mentales. Y, según mis humildes ideas como psicólogo, la mente es infinita. Y, en general, insondable. O sea, que si intento dar a la narración una linealidad más allá de su propia lógica interna, lo más probable es que nos pasemos páginas y páginas dando vueltas en círculos. No encuentro una estructura racional o de causa-efecto más allá de lo que has leído hasta ahora o leerás próximamente. De haberla, la estructura, es más bien rizomática. O sea que no sabemos dónde va a volver a aparecer tal o cual persona, qué va a hacer, cuál va a ser su singularidad en próximos desarrollos de los acontecimientos.
Creo que de Kerena no hace falta que te explique mucho más. Aunque tal vez ella te sorprenda un poco en lo que queda de narración. No mucho. Al fin y al cabo es bastante previsible, ¡qué le vamos a hacer!
Marta es la que fue prostituta de lujo, ¿la recuerdas? Muere en un accidente pero sigue viva. ¿Sabes cómo es eso o por qué? Yo tampoco. Y eso que Gómez le pregunta. Pero no hay respuesta. De su marido apenas sabemos nada. De su amante, Pablo, sí. Es el del barco, un fascista de alto nivel.
Genoveva es la que fue modelo de moda de jovencita. La que sus padres biológicos son hermanos y él la viola a ella, a su hermana, y esta se queda embarazada de la chica y no aborta porque entonces no está bien hacerlo. También la viola a ella, a la chica, su hija. Y mata a su madre y después se suicida. Más tarde Geno tiene un bebé y a los dos meses se acuesta con su ginecólogo. Su marido se entera (tampoco sabemos mucho de él) y la mata en el BMW® en Finisterre muriendo también. ¿Correcto? Pero sigue viva. Insisto en que desconozco los motivos.
Lilith es la que es la paciente más difícil de nuestro psiquiatra protagonista de la historia. La que es buena estudiante y creyente practicante católica. La que no tiene amantes. Sí que sabemos algo de su marido, Manuel. Nos lo cuenta ella misma; pero después desaparece de escena. Invoca en varias ocasiones a un tal Helio. Creo que es un ángel espiritual. Y también creo que tiene algo que ver con Kerena (de quien Lilith se hace especialmente amiga). Pero el narrador-protagonista no nos da muchas más pistas ni hace explícita esa tenencia que ver. Así que podemos o bien olvidarlo o bien imaginar cualquier cosa de él. Del tal Helio. Si quisiéramos hacerlo. Aunque creo que no es necesario invertir mucho tiempo en ello.
Resumiendo, que las tres chicas, con sus diversas historias que, al fin y al cabo, son ellas —como todas y todos somos nuestras propias historias—, coinciden con Kerena seguramente también por casualidad en el Bar de la Esquina. Poco a poco descubren más o menos quién es ella y se alían para defenderla del supuesto ataque que le lanza el psiquiatra junto a Yanice y su muerta hija, Karol, más adelante. Esto todavía no ha ocurrido y no quiero adelantar acontecimientos, por supuesto. Pero bueno, así nos vamos situando un poco.




domingo, 16 de febrero de 2020

¡Viva Stephen King!

Foto encontrada en Internet libre de derechos

He escrito un libro corto porque a la mayoría de los libros sobre escritura les sobra paja y tonterías. Los narradores no tenemos una idea muy clara de lo que hacemos. (King, 2000, Mientras escribo. Barcelona: Penguin Random House).

Bueno, esto, más que un blog de Psicología, parece estar convirtiéndose en otra cosa... ¿O no?

Quiero decir bien alto y bien fuerte que ¡AMO A STEPHEN KING!. Es cierto que hace unos añitos que le he perdido un poco la pista. Lo último que he leído de él es Quien pierde paga (2015) y no me ha entusiasmado precisamente. Miento, lo último último ha sido (acabé anteanoche, casi del tirón) Mientras escribo (2000). Todavía no la había leído. Sorry. Ahora volveré a esta obra. 

Quiero decir también -esta vez no muy alto- que en ocasiones me he avergonzado un poco de mi adoración por la escritura del norteamericano. Así en círculos intelectualoides y tal creo que no quedaba muy bien reconocer la altísima calidad literaria de un escritor de cuentos de miedo. Pero, ¡madre mía! Carrie (su primera novela oficialmente publicada), Christine, El Resplandor, Los Tommyknockers, It, Cujo, ¡El misterio de Salem's Lot!, La zona muerta,  ¡Cementerio de animales!, El ciclo del hombre lobo, Misery,...  En fín ¡Tanta buena literatura! Claro que queda mucho mejor decir que amas a Dostoievski o a Cortázar o a Murakami (que también los amo). Pero, ahora sí lo digo públicamente, Stephen es uno de los mejores literatos que nos ha dado la cultura yanqui durante los últimos ya largos años.

Seguramente habrá mucha gente que me diga que no tengo por qué avergonzarme (ya no lo hago, evidente). Y otra que diga que lo que escribe mi amado es una mierda. No pasa nada. A mí me encanta, me apasiona, me emociona. Aprendo mucho de él y me inspira mogollón. Aunque no pretendo, ni mucho menos, que mi estilo literario se le asemeje. Pero he de reconocer que le debe mucho. Para bien o para mal. Y yo no escribo cuentos de miedo, ¿eh?

Hay algo que me llama la atención. Las obras -como las que he citado y otras muchas más- que más me gustan las escribió estando totalmente enganchado al alcohol y la cocaína. Así lo reconoce él mismo. Y con esto no quiero decir que haya que drogarse para escribir bien, ¿eh? Pero resulta curioso. En Mientras escribo cuenta que no recuerda haber escrito nada más y nada menos que ¡Cujo! Tal era su grado de consumo de las citadas sustancias. Bueno, ya hace años que se dejó esas cosas.

Mientras escribo es una obra que recomiendo a toda persona que pretenda hilvanar algunas frases seguidas. Además de conocer un poco más de la vida de mi querido autor, recibirá algún que otro consejo. Muchos de ellos muy útiles. Otros demasiado sobados. Por ejemplo, que hay que leer mucho para escribir bien. A este respecto es curioso que se está poniendo de moda no leer para así alcanzar un estilo propio alejado de influencias de otros autores. Bueno, quien así piensa con su pan se lo coma. Y hay otros consejos de King en el libro con los que no estoy de acuerdo. Pero también llevar al teclado lo contrario de lo que dicen los grandes maestros invita a experimentar, a romperse un poco el coco. Recomendable. Y hay más todavía. La propia obra contiene bastantes errores gramaticales. Otro día los citaré porque antes quiero leer el original en inglés para ver si esos errores son del propio autor o de quien tradujo el libro. Ya veremos.

Para finalizar quiero también afirmar que creo que el cine no le ha hecho demasiada justicia. Desde luego que hay auténticas obras maestras fílmicas basadas en sus novelas. Así a bote pronto me vienen la propia Carrie (Brian de Palma, 1976) o -¡cómo no!- El Resplandor (¡¡¡Stanley Kubrick!!!, 1980). Pero he visto mucha mierda. Sí, ya sabemos que en líneas generales las pelis hacen flacos favores a la literatura. Pero es que con Stephen se han pasado. O se ha pasado él mismo porque sus buenos dólares se habrá llevado y se llevará por las pelis. Seguro. Pero bueno, eso no quita para reconocer que como literato es uno de los mejores que aún viven. Y ojalá que por muchos años.

Queda dicho, ¡viva Stephen King!

Saludos,

Josep